LA BANQUINA DE LA VIDA
Salí a la vida, como si fuera un cero
Bien equipado, con cuanto opcionar,
El fierro a fondo, sin el ver el cuenta vueltas
Y ningún diodo que indique precaución.
Lejos, las luces, eran como un hechizo
Y rayafable no quise respetar,
Más importante era llegar primero
E ir más lejos que todos los demás.
Pero mordía la banquina de la vida
Y dí, de lleno, contra el guardarras;
Y entre la sangre y los hierros retorccidos
Vi que alguien me vino a salvar.
Que no era mía, sino de Él, la sangre
Y el poder de hacerme caminar;
Y con el rostro entre las manos
Yo le agradecí el milagro de poderlo hallar.
Volví a la ruta, motor, chapa y pintura
Y en el ablande ahora voy en paz;
Por que disfruto de todo el panorama
Y no me inquieta qué viene más allá.
A cada rato consulto, yo, el tablero,
La hoja de ruta y el retrovisor;
Llevo a mi lado mi eterno compañero
Y en el estéreo me envuelve su canción.
Pancho Martell.






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